Las guerras de precios son cosa del pasado. Las nuevas corrientes del Marketing (auspiciadas por los hallazgos académicos) desechan las viejas ideas de que la batalla por el consumidor está en los precios, la distribución o la promoción y se enfocan en la fidelización de los clientes mediante intangibles para apuntalar el crecimiento de las firmas. La arquitectura de marcas se destapa ahora como una herramienta inmejorable para la consecución de estos objetivos.

Contar con una cultura corporativa sólida y definida y comunicarla adecuadamente se ha convertido en un activo estratégico para las empresas a la hora de atraer y retener talento. Los profesionales de alto potencial demandan mucho más a las compañías que en el pasado. Eso hace más complejo el proceso para captar talento, pero brinda una oportunidad a las empresas de ser más eficientes y productivas.

Los últimos informes sectoriales coinciden en señalar la misma tendencia: las marcas que siguen confiando todos sus recursos en estrategias de storytelling empiezan a perder fuerza. Por el contrario, las que dirigen su estrategia de marketing a generar una percepción de Utilidad Positiva logran aumentar de manera radical la valorización de sus marcas. Pero, ¿qué es la Utilidad Positiva?

En el último artículo de #DeFactoTrends analizábamos la acción publicitaria de Nike para dar el salto total al marketing comprometido o con causa. Cada vez son más las compañías que comprenden que invertir en el área social no solo no va en contra de sus intereses empresariales, sino que les puede reportar beneficios. Pero, ¿cuál fue la primera empresa que se atrevió a explorar esta vía? Os invitamos a un viaje que nos llevará hasta la icónica Estatua de la Libertad.

Nike ha vuelto a sorprendernos con una polémica campaña en que actualiza sus atributos de marca y se dirige decididamente a por los perfiles más jóvenes mostrando un fuerte compromiso político. Si bien en un primer momento la polémica le arrastró en bolsa, su fulgurante crecimiento en esta última semana confirma su acierto. 

La crisis reputacional del CEO de Tesla ha hecho temblar las acciones de la compañía. Los golpes de efecto en marketing que tan bien les resultaron en el pasado han empezado a pasarles factura por no seguir una estrategia coherente y alineada con sus valores corporativos. Lo ocurrido este mes de agosto en Cupertino nos deja grandes lecciones de comunicación corporativa.